A este conejito bello le gustaba tanto que le frotaran la cabeza ¡que no quería que la sesión terminara! Eche un vistazo a lo que hace esta belleza para mantener la atención de su humano. ¡Tan dulce!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?