Bandit vivió en una celda durante toda su vida hasta que la gente de la asociación “Gut Aiderbichl” que es un santuario para animales llegó a rescatarlo. La emoción y felicidad de la res es evidente y muy conmovedora.
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?