Le tuvieron que amputar las dos piernas al pequeño Kayden. Ahora, él está aprendiendo a caminar con sus prótesis ¡y el resultado no puede ser más precioso!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?