Cuando este pobre perro callejero cayó en un pozo de chapopote, quedó cubierto al instante. Se las arregló para salir, pero después quedó atrapado y pegado al suelo, ¡hasta que un desconocido bondadoso intervino!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?