Para su cumpleaños número tres su padre le prometió subirse al tren, y cuando la pequeña Madeline vió el tren acercarse a la estación no pudo contener su emoción y felicidad.
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?