Todas las mañanas este señor encuentra a la puerta de su casa a un montón de gatos callejeros que amablemente le piden de desayunar todos al unísono. Qué tal tener un grupo de amigos como este?
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?