Puede ser que Spencer no sea capaz de silbar, pero él sí puede convertir cualquier día en un día fantástico. Este pequeñito hace su mejor esfuerzo, y ¡es imposible no sonreír!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?