Cuando se dispuso a llevarles a las personas sin hogar los paquetes con zapatos y calcetines limpios, nunca se imaginó que Dios le guiaría a darles también la camisa de su espalda … ¡LITERALMENTE! Dios bendiga a este hombre.
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?