Cuando ella ordenó su desayuno habitual no tenía idea de lo que le esperaba en la ventanilla de autoservicio. Pero este es sin duda un desayuno que nunca olvidará. ¡Su reacción no tiene precio!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?