Sadie acaba de enterarse de la verdad desgarradora que su dulce bebé hermano un día va a crecer y ser un adulto. Pero ella lo ama tanto como es, especialmente sus pequeñas sonrisas lindas.
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?