Fia ya estaba cansada de jugar, cuando su pelota favorita rodó fuera de su alcance. Y ver como esta preciosa, pequeña perezosa intenta conseguir de nuevo la pelota me hizo reír. ¿¡Qué tan linda es ella!?
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?