Cuando Cameron fue rescatado, sólo tenía la mitad de su pico superior. Pero él acaba de conseguir un hogar permanente y por el sonido de esa risa – ¡le encanta su nueva familia! ¡La risa es un regalo de Dios!
Si puso tanto cuidado en cada uno de nosotros, y si aún los detalles que parecen insignificantes para nosotros, Dios los conoce y no pasa nada por desapercibido, ¿por qué creer que no le importamos o que tiene cosas más importantes que atender?